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BENEFICIOS DE LOS OMEGA 3 EN DETERIORO COGNITIVO

El envejecimiento de la población se ha logrado gracias a los avances médicos y tecnológicos, mayor nivel educativo y la mejora en las condiciones de higiene y alimentación.

Hoy en día, la preocupación es garantizar que este envejecimiento vaya ligado a una buena calidad de vida y que las personas de cierta edad puedan disfrutar de las posibilidades que la vida pueda ofrecer. El envejecimiento fisiológico suele ir asociado a enfermedades degenerativas crónicas que agravan sus funciones orgánicas.

La demencia es un síndrome progresivo y debilitante que se manifiesta como pérdida de memoria, problemas de lenguaje y dificultad para realizar actividades diarias cotidianas. La enfermedad afecta principalmente a las personas mayores, pero también puede afectar a personas jóvenes. El tipo más común de demencia es la enfermedad de Alzheimer: enfermedad neurodegenerativa progresiva que se manifiesta por el deterioro cognitivo y de memoria, el comprometimiento progresivo de las actividades de la vida diaria, así como una variedad de síntomas neurológicos, psiquiátricos y alteraciones del comportamiento. La etiología de la enfermedad de Alzheimer sigue siendo difícil de alcanzar.

Riesgo de deficiencias nutricionales

Hay varios factores que pueden afectar negativamente al estado nutricional de las personas mayores, como puede ser una menor autonomía en la adquisición, preparación y consumo de nutrientes, gusto alterado, y sustitución de frutas, verduras, granos, carnes y pescados por alimentos semiblandos de más fácil digestión.

Esto puede conllevar un riesgo nutricional en personas de edad avanzada con el consiguiente déficit en nutrientes esenciales, deshidratación, debilidad, fatiga, apatía, disminución de la fuerza muscular, pérdida ósea, en definitiva, factores que incrementan el riesgo de morbilidad y mortalidad.

Un buen estado nutricional, obtenido con el aporte equilibrado de nutrientes, puede contribuir a la promoción de la salud, el mantenimiento de la autonomía de las personas mayores y la mejora en su calidad de vida.

Factores modificables

La tasa de declive cognitivo en las personas de edad avanzada varía, por lo que es importante identificar factores ambientales modificables que puedan ayudar a reducir este envejecimiento cognitivo. Entre ellos estarían el ejercicio físico, la alimentación saludable y el apoyo social.

Nutrientes con efectos positivos

Entre los nutrientes específicos que parecen poder ejercer un efecto positivo en el estado cognitivo destacan los derivados de aceites de peces marinos, los ácidos poliinsaturados de cadena larga tipo omega-3: eicosapentenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA). Estos son cada vez más propuestos como suplementos dietéticos con la capacidad de reducir el riesgo de deterioro cognitivo, incluyendo la enfermedad de Alzheimer.

Ácidos grasos omega-3 y sus propiedades.

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga de la familia omega-3 son de gran importancia para la función neuronal. Son componentes de las membranas plasmáticas y participan en la modulación de procesos importantes como la transmisión de señales, la inflamación, la inmunidad y el estrés oxidativo.

Las fuentes dietéticas de EPA y DHA son las algas y peces marinos de aguas profundas y frías: atún, sardina, salmón, arenque, trucha, pescado de mar, lenguado, bacalao, ostras, langosta, camarón, entre otros. También los podemos encontrar en nueces y semillas, como lino o chía o en algunos aceites de plantas (linaza, soja y canola).

Gracias a las propiedades de reducción de inflamación, se ha visto que especialmente los ácidos grasos EPA y DHA pueden prevenir el desarrollo de enfermedades inflamatorias crónicas o aliviar los procesos inflamatorios agudos, y por lo tanto contribuir a su tratamiento. De hecho se han utilizado clínicamente en artritis reumatoide, psoriasis, reducción de complicaciones en pacientes críticos y prevención de efectos adversos después de un infarto de miocardio.

Algunos estudios relevantes

Hay estudios realizados en la población que encontraron que una mayor ingesta de los ácidos grasos omega-3 , medidos a través de cuestionarios de frecuencia alimentaria, se asocia a un menor y más lento riesgo de desarrollo de demencia relacionada con el aumento de la edad y el deterioro cognitivo.

Algunos resultados de distintos estudios fueron los siguientes:

El efecto de ácidos grasos en la fisiopatología de la demencia está todavía en estudio, pero parece claro que la ingesta de pescado y de otras fuentes de ácidos grasos omega-3 EPA y DHA ha sido asociada con el retraso del deterioro cognitivo leve y del riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer en adultos mayores.

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